Ananá, fruta exquisita

Los pueblos precolombinos, conocían muy bien las virtudes medicinales y las posibilidades que el ananá ofrecía para preparar bebidas y comidas. Todas estas experiencias, fueron rápidamente atesoradas por los conquistadores, quienes bautizaron a la fruta con el nombre de piña, ya que la veían parecida a la bellota del pino europeo. No tardó esta magnífica planta en probar otros lejanos suelos y de este modo se afincó, sin inconvenientes, en tierras africanas, en China, Java, India y Filipinas. Tanto fue el entusiasmo, que en Inglaterra se la cultivó en invernaderos, tratando de ofrecer a la planta el microclima tropical que necesita para crecer. Poco a poco el ananá se convirtió en signo de hospitalidad para la nobleza. Los pintores, escultores y artesanos perpetuaron la fruta en magníficas obras de arte. Tal fue la inspiración y creatividad desarrollada en torno de esta planta que en Filipinas llegaron a preparar delicadas telas con las fibras de sus hojas. En la actualidad, Japón las fabrica en forma industrial. No obstante la indiscutible valoración que ha tenido esta deliciosa fruta en todo el mundo, tanto su nombre guaraní como su fragancia e inconfundible sabor, seguirán siendo patrimonio de nuestra tierra americana.
Cómo elegirlo
Un error bastante común de cometer es fijarse en el color. Como punto
de referencia para determinar el grado de madurez y dadas sus tonalidades, que
van del verde hasta el más intenso naranja, no siempre indican que la
fruta está en su punto justo. Por ello, un ananá de color verde,
puede estar perfectamente maduro. El mejor indicador de su madurez es el perfume,
que se percibe con mayor intensidad en la zona del pecíolo leñoso.
Además, la pulpa cede ante una leve presión y las hojas de la
corona se pueden quitar con facilidad. Otro buen indicador son las puntitas
de las escamas, que deben tener color marrón. Si el ananá cumple
con todas estas condiciones, es mejor consumirlo rápidamente, pues de
lo contrario perderá sus deliciosos jugos con rapidez.
Propiedades
Es rico en vitamina A, B y C, en hidratos de carbono, fibras y minerales como
el hierro y calcio. Además de tener 52 calorías cada 100 gramos
cuando está fresco y 87 cuando está en conserva de almíbar,
son reconocidas y apreciadas sus propiedades desinflamatorias, diuréticas
y depurativas.
¡Ojo con la gelatina!
Los postres y tartas con gelatina, que contienen trozos de ananá fresco
no cuajan debidamente, porque esta fruta posee una enzima llamada bromelina,
que inhibe la coagulación de la gelatina. Esta enzima pierde su efecto
por encima de los 40 ºC y por ello es posible realizar estas preparaciones
con ananá en almíbar que ya está precocido. También
se le puede dar un ligero hervor al ananá natural, y otra forma de solucionar
el problema es utilizando agar-agar, que es un agente gelificante de origen
vegetal. Otra propiedad de la bromelina, es la de hacer más tierna y
digestiva la carne. Por ello, se puede utilizar el jugo fresco de ananá
para tiernizar cortes de carne vacuna.